HISTORIAS DE LA VIDA REAL

 

En Riobamba: finalizando la primaria

 

Niña todavía, pronto terminaría la primaria en una humilde escuela citadina, las necesidades en esta temporada se habían vuelto pan diario... Un día escasearon los zapatos, alguna persona de buen corazón pero de mal ojo, regaló a mi mamacita unos zapatos usados, un par de botas grandes y otros pequeños. Bueno, se podría decir que fueron oportunos, pues en días próximos sería el desfile y hubieran lucido bien en mis pies, si no hubieran sido demasiado pequeños. Me entraban sí, pero haciendo puño el pie, y las botas que eran para mi hermanita mayor, aunque ella ya estaba en primer año del colegio y no iba a desfilar, le quedaban demasiado grandes.

Pocos días antes del desfile, yo tenía por zapatos un par de sandalias de caucho hace tiempo desgastadas, de esas que se llamaban "siete vidas". Todas las tiritas de la una sandalia estaban rotas y de la otra ya casi todas... Con la inocencia propia de una niña tomé una aguja con hilo y una a una fui cosiendo las tiritas rotas a la planta, creyendo que así me servirían de nuevo las sandalias. Fui con ellas a la escuela y ¡oh sorpresa!, mi cosido no sirvió sino sólo hasta llegar a la escuela y en un par de horas todas las tiras estaban de nuevo rotas; y yo, sin zapatos en medio de tanto niño (aunque todos éramos pobres, era una escuelita que por patio tenía la calle), sentí tanta vergüenza, vergüenza de no tener zapatos, vergüenza de ser pobre y vergüenza de que los hilos no hubieran resistido más tiempo... No entiendo por qué siendo tan niña sentía tanta vergüenza.

Pocos días después, el problema de los zapatos continuaba y el desfile se acercaba. Por toda solución la profesora de mi grado me consiguió unos zapatos prestados y como también me faltaban medias me regalaron unas pequeñitas que bien hubieran quedado en los pies de la persona que me regaló antes los zapatos chicos.

Vi a mi hermana en aquel día lucir “sus botas”, yo lo recuerdo aún, ella ya lo ha olvidado. La veía tan graciosa, inocente y aunque ya era una pequeña jovencita, quedaba tan chiquita dentro de esas grandes botas. Para ese entonces ya había escuchado el cuento del gato con botas y mi inocente mentecita relacionaba perfectamente a mi hermana con el gato con botas... Mi herma mayor simplemente me pareció el gato con botas. No sé si en ese tiempo le hice el comentario o no, pero algo o alguien debió incomodarle terriblemente o quizá ella mismo como yo, se dio cuenta de su parecido, el todo es que salió corriendo de la escuela a donde había ido acompañándome y no regresó más.

El día del desfile. lo hice con zapatos prestados y con unas medias que me daban a los tobillos, bueno debe ser que por ser nuevas no me incomodaron, además cómo iba a preocuparme de esos pequeños detalles si yo, llevaría honrosamente una de las cintitas tricolor que salían de la Bandera Nacional, pues era una de las escoltas...

 

 

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