HISTORIAS DE LA VIDA REAL

La yegua “Negra” y su cría

Hubo un tiempo en que el caballo Negro tuvo por pareja a una yegua igual de negra que él, la había preñado y estaba a punto de parir. Recuerdo que el abuelo estaba pendiente del parto, nos hizo abandonar la fábrica a todos, él se iba a encargar de ayudar a la yegua, pero pronto llegó sudando.

La casita de los abuelos estaba subiendo una pequeña montaña cubierta de árboles frutales, desde la fábrica que estaba en medio del cañaveral.

Asustado comentaba que la yegua tenía problemas para parir y que era necesario inyectarla, no sé que necesitaría pero había que ayudarla, él sabía algo de veterinaria, todos los campesinos lo saben y no porque hayan seguido estudios, sino porque las circunstancias les obligan y aprenden de la necesidad y la práctica, además a semejante distancia del pueblo, no se diga de la ciudad ¡¿qué veterinario se podría contratar para estos casos?!.

El todo es que pidió a la abuela agua caliente y que le acompañe; se llevó el gran aparato metálico que le servía como inyección con la cual vacunaría algún medicamento a la yegua para ayudarla a parir.

Todos corrimos tras los abuelos a ubicarnos a prudente distancia, entre escondidos y curiosos entre cañas y árboles de papayas a ver lo que pasaba. Todo resultó infructuoso, la yegua no había podido parir ni con la ayuda que le dio el abuelo e irremediablemnte murío con su cría adentro. Lo único que yo pude ver de semejante agonía era como temblaba el pobre animal primero parada y poco después hechada en el piso, hasta que dejó de patalear y poco a poco el temblor de su cuerpo se acabó. ... La gran pansita de la yegua negra se movía convulsiva y fuertemente, parecía que iba a reventar por algún lado..., aumentando desde luego la preocupación del abuelo, de la abuela y del tío Jaime, pero murió.

Más tarde sabría que lo que se movía con tanta fuerza en la pansita... era el tierno caballito que nunca pudo ver la luz y que moría ahogado en la pansa de su madre sólo habiendo conseguido sacar sus patitas delanteras... ¿Será que por eso... respeto en sumo grado toda pansita que veo?, no soportaría volver a ver un tierno muriendo sin jamás haber disfrutado de luz, ni de las sonrisas de niños curiososo...

Para enterrarla al día siguiente, tuvieron que hacer un hoyo gigante muy cerca de la fábrica. Había quedado con las patas tiezas e iba a ocupar un espacio muy grande y además pesaba tanto que tuvieron que jalarla amarrada con sogas entre cinco personasa hasta el agujero. Sus patas quedaron tiezas igual que las del caballito que era del mismo color que la de sus padres... Impidieron las patas, que su cuerpo quedara bien acomodada en lo profundo del hoyo, así es que tuvieron que seguir cabando por los lados en que las patas estorbababn, hasta que el cuerpo se acomodó sólo en el fondo del agujero. De todas maneras el hoyo casi les resultó pequeño, por lo que la tumba de la yegua quedó con un inmenso promontorio de tierra, pues tuvieron que poner tierra más arriba de la horizontal de la tierra. Mucho tiempo tuvimos por compañía el promontorio de tierra, pero yo no recuerdo que hayamos tenido problemas con el olor, y eso que estábamos relativamente cerca con la fábrica, o es que ¿nadie quizo recordar mal a la querida yegua que se llevaba a su pequeño a disfrutar de las mariposas y los peces de colores en los verdes campos del otro lado ...?

Fué este hecho el que nos hizo amar más al Negro, nos imaginamos su soledad y lo cuidamos mucho, y en verdad nuestro favorito era “ El Negro” y eso que había “El Moro” (plomo), tres cafés: “El Moso”, “El Viejo” y “La Yegua Café”.

LLegó a vivir tantos años como mi Tía Marlene...

(Tomado de "...Y escribiré mi historia" , libro inédito de Fanny Villalba)

 

 

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