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HISTORIAS DE LA VIDA REAL
EL tío Jaime
Siempre mirando las cosas más allá de lo evidente, con más curiosidad, con más argumento que el de la media de la familia. Todavía recuerdo que cuando apenas tenía ocho años quizá, en una hermosa noche de luna, allá en la finca dela abuela, las noches de luna todas eran claras y bellas, no sólo por lo realmente claras que eran, sino también por lo que representaban y aún representan en mi frágil memoria ue aunque todo lo olvida, estos dulces momentos no. Jugábamos con deleite a la rayuela, la Pájara Pinta, La Huaraca con mis primos y primas. Pasaba el tiempo sin sentir en la compañía de otros inocentes y bien cuidados por sus Ángeles, nos hacía olvidar del hambre, del sueño y de otras cosas más. Si un día hubo paraíso en la tierra, debió haber sido el principio en la finca de la abuela.
Entendiendo de distancias
Les contaba que, muy niña, en noches claras de luna, al tío Jaime lo descubría a veces mirando las estrellas. Aquélla vez, me valió más la curiosidad y fuí a ver lo que el miraba con tanto interés. Me preguntó si es que sabía a que distancia estaba la tierra de la luna, desde luego que no lo sabía. Qué iba yo a pensar que mi tío se preocupara de esos temas, yo pensaba que sólo sabía cortar caña, cargar leña, moler la caña, en definitiva hacer panela para venderla en la feria del domingo... Bueno, y a la verdad que me equivoqué, desde entonces le prestaba mayor atención, ya estaba más crecidita y se supone que como estudiaba en un colegio de ciudad yo ya debía saber algunas cosas. sus comentarios muchas veces me dejaron perpleja y con vergüenza por mi ignorancia, pues e suponía que ya debía haber aprendido eso en el colegio, per el resultado decía lo contrario: sabía muy poco o por lo menos lo que sabía no me era necesario. Fuí comprendiendo que en lugar de tener respuestas y eso que yo era la que estudiaba, él era el de los conocimientos. Si por lo menos alguno de mis maestros hubiera tenido la audacia de mi tío, no hubieran sido necesarios tantos años estudiando para entender el movimiento del Sistema Solar y eso porque yo misma un día me esforcé por dibujar en mi cerebro y luego hacerlo con una lámpara que me servía de sol y del tamaño y las distancias de los planetas, ¡sorpréndanse!, lo comprendí poco antes de terminar mi carrera universitaria. Y no es que haya sido burra, lo que pasa es que los intereses de nuestro sistema educativo estaban y están dirigidos en otra dirección, y los míos también, la mala información no me libró de ser una joven embarazada antes de terminar el bachillerato.
Y mi tío, en la quietud del campo, tuvo tiempo no sólo para leer sino estudiar y parece ser que aunque no fuí su alumna siempre tenía tiempo para sus lecciones, por lo menos era la que más atenta estaba a sus explicaciones que del todo me sacaban del diario y volaba más allá de las estrellas en su distinguida compañía. El tío no era el de los cariños, ni tiernas palabras, era serio, duro en su carácter, de porte recio, pero una que otra vez se les escapaba una sonrisa, pero ¿a que no saben cuándo?, sólo cuando se sentía descubierto en alguna cosa que al parecer a los demás era tonta o estúpida, aunque a él mismo no le parecía nada tonta ni estúpida. Creo que se reía con disimulo de la ignorancia de la gente y no quería hacerles sentir mal....
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