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RACISMO Y FOLCLORE El pasado octubre, fueron despedidos tres trabajadores senegaleses de la planta de reciclaje de residuos de Llucmajor, Mallorca, por negarse a continuar trabajando cincuenta horas a la semana, después de que la empresa (subcontratada, desde Septiembre, de otra empresa privada, a su vez contratada por el Govern Balear, que por su parte ha trasladado la competencia al Consell Insular de Mallorca) les descontara de la nómina de Agosto los ciento veinte euros de complemento salarial que venían cobrando. Constatamos, una vez más, cómo la proliferación de obras y servicios contratados y subcontratados (esta vez con la complicidad de las propias instituciones) se traduce en sobreexplotación laboral, a través de elevación de ritmos de trabajo, de jornadas laborales prolongadas ilegalmente, del aumento de riesgos de siniestralidad laboral y el saqueo a las ya de por sí esquilmadas nóminas de los trabajadores. Pero es preciso detenerse en la condición de inmigrantes, en este caso subsaharianos, de los trabajadores despedidos, y de los otros que también han sido amenazados con el despido por el mismo motivo. Entre las gestiones desarrolladas por la CGT para su defensa, nos entrevistamos, dada la responsabilidad institucional en esta medida discriminatoria y racista, con la flamante Consellera de Inmigración, guiados por la lejana esperanza (ingenuos que somos) que las consignas lanzadas por el Govern del señor Matas alrededor de la creación de la nueva Consellería se tradujeran, en la práctica, en algo concreto. No faltaron, en el encuentro con la señora Pastor, bonitas palabras y buenas intenciones, que se completaron posteriormente con un compromiso, por parte de la Directora General de Treball, de acuerdo de readmisión en un posterior acto de conciliación. Pero llegado el día de la cita en el TAMIB, y estando convocados en tiempo y forma, no aparecieron ni el Consell de Mallorca, ni el Govern de Matas. O sea que, además de incumplir los compromisos y faltar a la palabra, esta ausencia los hace cómplices de la injusticia perpetrada hacia los obreros inmigrantes. Y en vez del prometido acuerdo, en el TAMIB nos encontramos con que ésas empresas, que se nutren con el dinero de todos los ciudadanos, ratificaron los despidos, permitiéndose incluso formas de insultante hostilidad. Y todo ello con el respaldo institucional. No debe extrañar que, a la primera de cambio, la consellera de Inmigración y los otros gobernantes hayan fallado como escopetas de feria. Bien al contrario, hubiera sido una sorpresa que el PP ayudara a la solución de uno solo de estos problemas, y mucho más que variara sus políticas en materia de inmigración. Porque fue el partido de Aznar, recordémoslo, quien aprobó la vigente Ley de Extranjería, preñada de discriminación hacia el inmigrante, para mayor gloria de la Europa fortaleza. Han sido los dirigentes del PP quienes han criminalizado durante demasiado tiempo la inmigración, confundiéndola y mezclándola con la delincuencia, incluso a veces con el terrorismo. Son ellos los que, a cada convocatoria electoral, han fomentado el miedo y el odio hacia los inmigrantes, como mecanismo para ganar votos, a la vez que justificaban la creciente represión hacia esos colectivos y la violación de sus derechos humanos. Parece claro que, a nuestras autoridades insulares y autonómicas, sólo les interesa la parte folclórica de los recién llegados, como una manera de ocultar los problemas sociales que provocan las políticas que aplican, y de practicar un populismo caritativo que les dé buena imagen ante el electorado. Su proyecto pasa por el apartheid social y político de una inmigración condenada a ser ciudadanía de segunda o tercera, así como por el enfrentamiento entre colectivos sociales, intentando domesticar y comprar a quien se deje, a través de subvenciones y otras prebendas. Mientras tanto, las empresas privadas, contratadas y subcontratadas con dinero público, pisotean los derechos de los trabajadores sin que ni en el PP ni en UM (habiendo sido debidamente informados) muevan un dedo para corregir el desatino. La explotación laboral y la folclorización de los inmigrantes, son dos caras de la misma moneda. Frente a todo esto, defendamos solidariamente la igualdad de derechos, de deberes, y la dignidad de todos los trabajadores, tanto los nacidos aquí como los venidos de fuera. Evitemos, de esta manera, los pozos de exclusión social, que tarde o temprano estallarían, como está ocurriendo en Francia. Pep Juárez,
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