LA GOLONDRINA Y EL ROSAL
“Prométeme que siempre estarás aquí, para cuando yo te necesite” y el rosal le contestó; “Te lo prometo, y tenlo tan seguro como el día que levante mis raíces si no muero aun te estaré esperando.” Era ya el final del verano y un día la golondrina llego al rosal, posándose en una de sus ramas le dijo, ya se acerca el invierno, tengo que buscar mejores días pronto partiré para vivir mi vida. El rosal se puso triste y a la sombra de la noche, sin que nadie más lo supiera, en la soledad del bosque sombrío tan silencioso como pudo lloro hasta el otro día. Fue tan discreto su llanto que ni los árboles del bosque se enteraron lo que en su interior el rosal sentía . Por la mañana llego la golondrina y le dijo: “Mañana partiré, el invierno es inminente y aunque lo he pasado bien, mis días no son contigo. Tengo que buscar mi vida”. El rosal le dijo: “Si tú me dejas moriré de tristeza, quédate que entre mis hojas yo te protegeré del frio invierno, ya serás feliz cuando retorne la primavera”. La golondrina le contestó: “Un rosal es un rosal; y yo, tengo alas para volar, mi destino no es contigo y el invierno nunca me ha sentado bien”. Entonces el rosal, al sentir que se quedaba solo y nublado la razón abrazó con vehemencia a la golondrina entre sus ramas y mientras brotaba rocío de sus hojas le decía: “No me dejes que sin ti no habrán mas días”. Mientras el rosal le abrazaba la pobre golondrina poco a poco sus alitas batía. “Me haces daño con tus espinas” le dijo. “Si realmente me amas déjame volar que si es de ser yo volveré”. Entonces el rosal muy triste abrió sus ramas y le dejo ir. La golondrina voló y en otro bosque hizo un nido para protegerse del frío y fue feliz aunque nunca volvió. El rosal quedo triste y abatido, pero en su silencio sentía paz porque hizo lo que a su juicio consideró justo. El rosal a la sombra del bosque soportó fríos inviernos pero nunca más floreció. Un día de primavera la golondrina regreso al bosque sombrío y al buscar a su fiel amigo el rosal que año tras año le había esperado, solo encontró espinosas ramas secas extendiéndose por los arboles como queriendo alcanzar el cielo. Los cuentos suelen tener un final feliz, pero aunque te parezca esto un cuento, más que un cuento es una historia. Pude ponerle un final feliz, pero; ¿Quien te ha dicho que la vida es un cuento?... Te has puesto ha pensar que: ¿Puedes abandonar sin irte; o, irte y quedar por siempre? Carlos Villalba Báez
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